Los menonitas étnicos como secta rural

Por una parte, entonces, tenemos esa identidad étnica de descendientes de familias que desde el siglo XVI han migrado en diversas oportunidades, para establecer comunidades encerradas sobre sí mismas y más o menos aislados de la sociedad alrededor. Tienen generalmente una honda religiosidad cristiana, francamente sectaria.

Muchos tienen una relación de parentesco histórico con las comunidades ámish. Los ámish se separaron de los menonitas hace siglos, y si un individuo ámish se cansa de la severidad de su comunidad, le resulta fácil y natural integrarse en una comunidad menonita, donde frecuentemente ya tiene parientes.

Estos menonitas se dedican preferentemente a la explotación agropecuaria en granjas familiares. En algunas comunidades rehúsan las mecanización moderna prefiriendo labrar la tierra con caballos. Pero en otras comunidades, están siempre entre los primeros en adoptar todas las novedades tecnológicas para sacar el máximo rendimiento a sus campos. En esto tampoco son iguales todos los menonitas, ni siquiera todos los menonitas rurales y étnicos.

Han sido comparados a veces con los judíos por su fuerte identidad étnico-religiosa, su clara diferenciación de la fe y prácticas de la mayoría cristiana a su alrededor, y su identidad de ser una minoría perseguida, lo cual ha provocado sus migraciones y dispersión por el mundo. Son también, como los judíos, endogámicos; y sus árboles genealógicos se entrecruzan y vuelven a entrecruzar. Como los judíos, aunque no es imposible adoptar el menonitismo étnico por conversión, es harto difícil integrarse plenamente al estrecho entramado cultural y de parentesco endogámico de estas comunidades.

Y como sucede también con los judíos, hay personas que se identifican como «menonitas» por sus apellidos y tradiciones familiares, pero sin compartir la fe y religiosidad característica de los menonitas. Pueden ser ateos, comulgar en otras iglesias cristianas o haberse convertido a otras religiones, y sin embargo se siguen considerando «menonitas», por conservar todavía elementos exteriores de su cultura, lengua, costumbres y parentesco.

Aunque en sus inicios surgieron por toda Europa central, los menonitas étnicos tienen su origen principalmente en dos regiones.

  • La región suizo-alemana, con proyección hacia esa parte fronteriza de Francia que fue disputada entre alemanes y franceses. Son la rama menonita de la que se disgregaron los ámish. Muchos de ellos emigraron en diferentes olas entre el siglo XVII y XIX a Pensilvania, y desde allí se diseminaron a Ontario (Canadá) y a otras partes de EEUU, con comunidades importantes en Virginia, Ohio, Indiana, Illinois y Iowa. Se integraron en la cultura alemana de Pensilvania, con fuerte influencia de los cuáqueros y de los luteranos y diversas pequeñas comunidades sectarias alemanas. Aquellos otros, sin embargo, se integraron más rápidamente a la cultura inglesa de EEUU, quedando los menonitas y ámish hoy como exponente casi exclusivo de la antigua cultura alemana de Pensilvania de los siglos XVII-XIX.

  • La región neerlandesa y alemana del norte y por la costa del Báltico hasta Gdansk, Polonia. Conservan hasta hoy en sus comunidades una forma medieval del bajo alemán de esa región. Desde el delta del Vístula (Polonia) y otras partes de Países Bajos y Alemania, migraron muchos en el siglo XVIII a «Rusia» (Ucrania), donde la emperatriz Catalina la Grande promovía el asentamiento de granjeros alemanes y les prometió libertad de religión. Allí prosperaron enormemente, pero viendo mermada su libertad de culto desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta la 2ª Guerra Mundial, fueron abandonando Ucrania para establecerse primero en Canadá y Estados Unidos, y después en diferentes países latinoamericanos (México, Paraguay, Brasil, Uruguay, Bolivia, Argentina, etc.).



 

 
 
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